lunes, 27 de abril de 2015

Aire para Respirar

"Una historia a medio camino entre la realidad y la ficción, más parte de realidad, por desgracia. El dolor, el sufrimiento y la enfermedad siempre es dura, cuando hablamos de niños aun más...A veces son necesarias pequeñas mentiras para sobrevivir"
Samarcanda.


AIRE PARA RESPIRAR
Anna intenta conservar la compostura mientras la comisura de sus labios tiembla involuntariamente. Pretende mantenerse entera, mientras, a su lado su marido deja caer el peso del dolor sobre su hombro. Ella valiente madre, explica en una charla improvisada el futuro de su hijo Dídac, paciente de una rara enfermedad llamada Anemia de Fanconi. El niño después de varios meses sigue a la espera de un donante de médula ósea que pueda ser compatible con su frágil organismo, sus  células ya no producen la sangre necesaria a su médula, es lo que se conoce como aplasia medular.
¡Quien le hubiera dicho hace apenas unos meses que se convertiría en experta conocedora de esta extraña patología!
-Su fase es muy avanzada y permanece aislado ya que su cuerpo no genera las suficientes defensas –explica con ansiedad evidente, mientras una tímida lágrima resbala por su mejilla.
Anna  respira con fuerza como si alguien se empañara en arrebatarle el aire a cada instante.  Inicia su historia por enésima vez, clamando al cielo -y a quien quiera escucharla- tratando de hacerles entender que con apenas un simple análisis es posible salvar una vida. La de su hijo ¡Qué miedo da la palabra trasplante! -piensa mientras explica mecánicamente con su mirada perdida en el infinito, sin saber si es ella la que habla o su desesperación.
Dídac sigue en la habitación del hospital al que llegó engañado. ¡Pobre angelito! Le contaron que solo era un juego, que su burbuja no es más que un experimento especial y espacial. Que esa gran escafandra es como las que llevan los astronautas. Esos que tanto admira él.

-¡De mayor quiero ir a la Luna!  -repite al tiempo que la madre sorbe una lagrima, que comienza a rodar ingrata amenazando descubrir el engaño. Anna solo es consciente que el tiempo pasa inexorable...Que el donante no llega.


©Samarcanda Cuentos-Ángeles.
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