jueves, 18 de febrero de 2016

Más Allá de tu Espacio

"El dolor del desamor como espada que atraviesa el alma. Estar suspendida en la nada, donde es imposible aliviar el duelo. Un amor muere y el entierro no es suficiente, pues solo el tiempo devuelve la ansiada calma."
Samarcanda.

Más allá de tu Espacio

Me ahogo en el silencio de tu ausencia,
sin aire que insufle mis pulmones,
buscándolo voy por los rincones.

Aferrada a la indolencia de tu alma,
perdida en un espacio infinito,
imposible será tornarlo en calma.

Me columpio en los hilos que tú mueves,
permitiendo que mi júbilo demores,
al sentir que mis entrañas remueves,
consiguiendo que por fin tu piel adore.

Rendiré pleitesía a mis temores,
volaré hasta tocar cielos azules y
las nubes mecerán mis desamores.

Imposible ya ocultar mi fiel deseo,
cruel demencia de pasión que me tortura,
que me lleva a perderte y olvidarme,
que tu amor no es favor, es desventura.

A tu fuego no consigo detenerme,
estoy tentada a colgarme de una soga,
noche eterna, me precipita y ahoga
al vacío insondable de no amarte.


©Samarcanda Cuentos.-Ángeles.

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jueves, 10 de diciembre de 2015

Desocupando Sentimientos

"Los errores suelen pagarse caros, lo peor es que te das cuenta del tamaño de tu estupidez  cuando ya es muy tarde. Quizá cuando está todo perdido."
Samarcanda.

DESOCUPANDO SENTIMIENTOS
Mario observó alrededor, todo era vacío. Apenas un latido, el suyo, se escuchaba en la estancia, cómplice infame de su soledad. Dejó vagar su pensamiento y como en una travesura del destino, una rotunda afirmación compartió la fatal evidencia.
- Hay errores que te cuestan la vida.- Aceptó.
La consciencia de tanta estupidez vivida le abofeteó el alma, dando de lleno en su orgullo y su hombría. Nunca tuvo en cuenta a los amigos que le advertían del precipicio, así obvió el amor y la familia. Una pregunta martilleaba su cabeza. ¿Sabía lo que se jugaba?...Quizá no.
Su mujer se lo había llevado todo, por no quedar, no quedaban ni muebles. Los sentimientos, como colador mortuorio, pendían en forma de pequeñas gotas en cada recoveco del salón y el dormitorio. Ese exquisito gusto para la decoración de Sonia, se oponía a la desnudez de las paredes, que a modo de saludo, parecían burlarse de su sino. Sí, había llegado el momento de la despedida, la dulzura de un hogar se convertía ahora en una obscura espelunca y de sus grietas brotaba sangre. El único culpable era él, eso también estaba muy claro.
Como inexplicable contradicción Mario recordó con dolor la alegría de una sonrisa tan cercana, la de Sonia. Un jilorio conocido en sus entrañas le arrancó un quejido de hambre. Hambre de sueños perdidos y esperanzas huidas. Solo un jarrón en la cocina con un puñado de biznagas daban vida a esa muerte súbita y sin retorno. Se golpeó la frente con vehemencia contra el marco de la puerta.
-¡Soy un idiota!! Lo he perdido todo y solo por un momento de pasión y locura.- Se acusó.- Es el final, en realidad Sonia sabía que fueron muchas las que pasaron por mi vida y por mi cama- añadió hundiendo la cabeza entre sus manos.
Antes de marchar tiró de una guirnalda dorada prendida en un rincón, recuerdo vivo de la última Navidad. Un estremecimiento, como látigo en su espalda,  le hizo sentir nítidamente la desolación de la próxima.


©Samarcanda Cuentos.-Ángeles.

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martes, 1 de diciembre de 2015

Disfrazada de Vacíos

"En ocasiones somos prisioneros de nuestro ayer. Ocultos permanecen nuestros miedos entre pequeños detalles, juguetes de niños que son espejos de nuestros conflicto y temores de antaño."
Samarcanda.

Disfrazada de vacíos

Huecos son los recuerdos,
lívida esta mente que no cede,
el tiempo pesa, pasa indolente,
la niña no crece… no quiere
y el miedo manda inflexible.

Me refugio en su interior,
ese que es mío también,
armadura de duelos,
disfrazada de mentiras.

No quiero que me descubran,
ilusa, me escondo ahora,
aislada de un mundo perverso,
juguetes de mi infancia perdida…
perdidos me gritan.

Encarnada rosa me avisa,
de una flecha que me apunta,
necia de mi, le doy la espalda,
a estos sueños del nirvana.

Ya no quedan estrellas relucientes,
pueriles esperanzas son mi sino.

Perdida y sofocada la ilusión,
acepto con calma mi destino,
oculta meta que persigo,
será; o quizá no… mi salvación.


 ©Samarcanda Cuentos.-Ángeles.

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lunes, 16 de noviembre de 2015

ERES ÚNICA

 <Somos especiales... en aquello que nos gusta, o hacemos con cariño y dedicación. Seguro que todos tenemos un “Don” para sobresalir en alguna faceta o habilidad. >>


ERES ÚNICA

Que mi nombre es hermoso, nunca lo he dudado, otra cosa diferente era mi cara…

–¿Qué más se puede pedir, querida? Un bello nombre para una preciosa princesa. –Él siempre me sonreía con todo su amor, mientras acariciaba mi carita.

Bajé  la cabeza y entre dientes, mascullé:

–¡Eres mi abuelo! A ti siempre te pareceré la más bonita la más lista  y la mejor de todas. Joo! eso no me vale.

Era yo entonces una niña de apenas once años enfadada con el mundo y conmigo misma. A esa edad puede parecer que pocas cosas te afectan, pero tenía una pena, –bueno, unas cuantas– mis trenzas color panocha, mis infinitas pecas y esa delgadez que la naturaleza me había regalado, pero sobre todo mi baja estatura, que me tenía muy preocupada. No, definitivamente no estaba contenta. Mi madre siempre me decía que le diera tiempo al tiempo, pero mi desasosiego no cesaba, me miraba al espejo y seguía sin encontrar en aquel rostro un detalle que me recordara a Sandy, la reina de la clase. Rubia y esbelta   –un poco engreída, eso sí– pero traía a los chavales de cabeza, a los de nuestra clase y a los más mayorcitos, también. Estaba claro que yo siempre sería invisible para ellos y seguía convencida que no destacaba por nada. Cuando le hacía participe a mi madre de mi congoja, esta siempre me espetaba la consabida palabrita: Paciencia. Entonces no entendía… Aquella tarde me sorprendió mamá subida en sus sandalias de charol negro de veinte centímetros, a punto de precipitarme contra el suelo, intentando, por supuesto, conseguir la altura ansiada.

Te vas a hacer daño Dunia –me sonrió– ese no es el camino, cariño. Y es que por mucho que el gallo se calce unos zancos, no se convertirá en rosado flamenco… Y sabes querida, puede que ni siquiera sea  necesario. Ven, te voy a contar una bonita historia y así lo entenderás.

Sacó entonces del cajón un viejo libro de cuentos y se interesó por uno en concreto. “Intentaré ser Freesia” de Jorge Bucay. Al finalizar su lectura –añadió:

-No hay posibilidad de ser quien no somos, si luchas contra eso nunca serás feliz.  Lo maravilloso de la vida es ser tú, alguien único y especial. 
El tiempo dio la razón a mama, aunque eso no lo supe en ese momento… si no mucho después. Y no solo me convertí en la hermosa princesa que tanto presagiaban mi abuelo y mi madre, sino que hoy me encuentro aquí leyendo aquel mismo libro a mi hija Wendolin que dramatiza con su joven desdicha. Mínima ahora para mi… Enorme para ella.

 ©Samarcanda Cuentos.-Ángeles.

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martes, 10 de noviembre de 2015

Punto y Seguido

"Nuestro día a día, nuestro deambular que no se detiene. Somos camino que sin miedo avanza hacía el mañana. Con ilusión y con esperanza, será más fácil llegar al destino."
Samarcanda
Imagen: Hardibudi

Punto y Seguido

Frente a mí el horizonte,
por el que espero y desespero,
largo camino se intuye.

Pan tierno, recién hecho,
con aroma a nueva vida,
que se brinda ante el presagio,
de otras nuevas emociones.

Como una abierta ventana,
abrazo ese intacto día,
punto y seguido de mi ayer,
impaciente la jornada,
cuando un paso va tras otro,
a darle la bienvenida.

Luz que prende dadivosa
una ruta visualizo,
sin querer ya me encandila,
me aferro a esa ilusión…
La necesito.

Mis  pies desnudos,  ligeros,
me incitan a seguir camino
que me trasporta sin miedo,
al futuro que persigo.

 ©Samarcanda Cuentos.-Ángeles.

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viernes, 30 de octubre de 2015

Imagen Velada

!Una imagen vale más que mil palabras.!Aunque muchas veces esa imagen es solo el aperitivo, lo que incita a la mente a pensar que viene tras ella y tras las palabras que la preceden. En el terror psicologico, es la imaginación la que juega un importante papel...porque la mente no tiene límites.
Samarcanda
 Imagen: Dziga Vertov

IMAGEN VELADA 

Marc Jakcson se doctoró en medicina, pero nunca llegó a ejercer. La fotografía le atrapó en el mismo instante que reveló su primer carrete. Fue como una manifestación para él, el objetivo de su cámara era todo cuanto necesitaba para que su existencia tuviera sentido. Las imágenes que captaba con ella le hacían vivir con inusitada intensidad. 
Empezó fotografiando pequeños animales, cuanto más indefensos y desvalidos más le atraían. Poco a poco tuvo necesidad de ir más allá y sus estudios de forense inconclusos, le dirigieron hacía la obsesiva idea de diseccionar esos seres y fotografiar su interior…cada órgano.  Con escrupulosa habilidad los manejaba. A través de su cámara desfiguraba las formas, los colores y creaba mundos insospechados. Imágenes imposibles que le tenían fascinado. 
Aquella noche le produjo una satisfacción nunca antes vivida tener a su alcance el cuerpo de aquella muchacha. Tan frágil, tan inocente como sus animalitos. Imitó cada uno de sus pasos, fotografiando su cara, su cuerpo…Y el terror de su mirada. De repente pensó que al igual que le ocurriera con sus bichitos, no era suficiente. Se le iluminaron los ojos maliciosamente al pensar ¿Cómo sería ir más allá?

 ©Samarcanda Cuentos.-Ángeles.

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lunes, 19 de octubre de 2015

Evan el Enterrador

Un poco de suspense y terror para estos días de Octubre. Hallowen se acerca...

EVAN EL ENTERRADOR
Corrían los primeros años del siglo XIX en un modesto pueblo del condado de  Berkshire al oeste de Londres. Un ser distante y apocalíptico hacía trabajos de sepulturero de la zona.  Evan, siempre permanecía con semblante cabizbajo y sin mostrar jamás su rostro. Caminaba arrastrando los pies, vestido por completo de negro y con un mechón en la cara que dificultaba  despejar esas dudas que le envolvían. No soportaba que le tocaran, ni le hablaran, tampoco aceptaba órdenes de nadie. En el pueblo conocían sus manías y excentricidades, pero lo respetaban más por recelo y desconfianza que por otra cosa. . Un pueblo pacífico en apariencia donde nadie preguntaba sobre el resto de sus semejantes y es que a nadie parecía interesarle realmente la vida de los demás
Evan disponía de una casucha de apenas cuatro paredes en el mismo cementerio y allí permanecía invariablemente sin abandonar el lugar bajo ninguna circunstancia. Miller, el viejo de la tienda de ultramarinos le hacía llegar su escueta lista de provisiones una vez por semana, dejándola siempre delante de su puerta. 
Aquella tarde de enero el pueblo se llenó de policías y periodistas. El frio helaba sus voces cuando se dirigieron hasta la vieja casa del enterrador, era de allí de donde provenían los extraños sonidos que llevaban horas alertando a los habitantes del lugar. Ninguno sin embargo se atrevió a acercarse, mucho menos tocar el timbre de la casa de aquel iracundo ser. Unas luces intermitentes se movían a intervalos imprecisos e imágenes difusas garabateaban la incipiente noche. Estas se habían visto alrededor de la casa dando a todo tipo de especulaciones, pero sin que nadie hiciera nada al respecto. El lugar ya de por si tenebroso e inquietante, no ayudaba a que la curiosidad ganara terreno al temor que les producía tanto  el cementerio, como su morador.
Cuando llegaron los agentes, acordonaron el lugar de inmediato y algunos vecinos indiscretos y envalentonados saltaron  para curiosear. Los gritos aterradores eran en efecto de Evan que cruzaba en esos momentos, preso del pánico por toda la casa. Por primera vez pudieron ver su rostro. Una horrible cicatriz  le cubría desde la sien derecha hasta la boca, sus ojos parecían salirse de sus cuencas y una visible espumilla emergía de su boca. De repente cayó al suelo ante un espasmo grotesco que le obligó a doblegarse sobre sí mismo como una inerte madeja.
Estaba muerto, el forense comentaría después que en apariencia se había desangrado. Era un cuerpo contraído, empequeñecido, que no disponía de una sola gota de ese líquido vital que le permitiera seguir con vida. Su rigidez y palidez evidenciaba  llevar varias horas muerto, sin embargo todos habían presenciado como gritaba y corría por la habitación despavorido segundos antes de caer al suelo. No entendían nada, ni podían ofrecer una explicación lógica ante tal alarde de horror. Efectivamente había sangre por el suelo, apenas unas gotas, insuficientes para causar la muerte de Evan. Sin contar que al reconocerlo no se le apreciaron cortes, ni lesiones de ningún tipo. Nada, más allá de la falta absoluta de sangre.
La curiosidad, el asombro y desconcierto eran unánimes. El hueco en el suelo apareció por casualidad, siguiendo los detectives otras líneas de investigación y arrojó algunas respuestas a aquel enigma absurdo. Un fosco y húmedo agujero surgió ante ellos, de difícil acceso y angosto al paso. Entraron un par de hombres provistos de linternas y guantes para no tocar nada indebido. La pared rezumaba un líquido amarillento de pestilente hedor y el suelo estaba resbaladizo debido a una sustancia rojiza y pegajosa que lo cubría casi por completo. La visibilidad era escasa y la integridad de los que allí se encontraban no estaba asegurada. Costaba respirar.
A un lado del muro había una estantería de hierro repleta de grandes botes de cristal, todos ellos contenían un liquido trasparente. No era agua, con temor se  acercaron a olfatearlo. Era formol. El tufo les hizo recular rápidamente, la concentración era muy alta. Sólo algunos estaban llenos, pero debido a la oscuridad del habitáculo no fueron conscientes de inmediato de su contenido, trozos de alguna extraña cosa flotaba dentro, al acercarse un poco más el investigador retrocedió mientras profería un grito de pánico. Era una mano, mejor dicho un muñón perteneciente a un puño cerrado. En el otro subsistía intacto, un pie y el siguiente cacharro contenía un par de ojos todavía en buen estado, de color oscuro. Salieron de allí a toda prisa, aunque conscientes que tarde o temprano deberían volver a bajar a tan espantoso escenario. Lo hicieron unas horas después, con ojos y mente muy abiertos, no había más remedio que enfrentarse al terrible holocausto humano que contenían aquellas paredes infectas. Era su trabajo. Pero sin imaginar que espeluznantes sorpresas aun les aguardaban. El resto de botellas de cristal estaban vacías, pero aun conservaban el líquido traslucido de olor penetrante. Justo al lado de una mesa se encontró una libreta negra manchada de sangre, la tomaron y añadieron así unas cuantas respuestas más al acertijo.  Escrito a letra rápida y lectura complicada, decía:
-Ya tengo casi todas las partes de mi preciosa niña, la que será mi compañera y estará conmigo hasta el fin de mis días. Me ha costado años conseguirlo, pero al fin esta aquí. Una de las manos que debía utilizar al final se ha malogrado y me ha costado encontrar una nueva que resultara adecuada. Las últimas muertes acontecidas en el pueblo eran de mujeres muy ancianas y tenían las manos arrugadas o trabajadas en exceso debido a la faena del campo. Definitivamente no eran de mi gusto. He cambiado también sus ojos negros por otros verde mar, me parecían más acordes y quedando perfectos con el cabello rubio de la hija de Solans, una niña de belleza alabastrina muerta de tuberculosis. La verdad es que hubiera utilizado muchas de sus partes. Frágiles y apetecibles…
Pero por primera vez he tenido que matar para hacerme con ese tesoro inesperado. -los ojos- La chica a la que se le estropeó el coche delante de mi puerta los tenía de un turquesa irreal ¡Eran perfectos! Creo que nadie llegó a verla. Fue mía en apenas segundos. Pero me falta un último detalle y no quisiera demorar por más tiempo tu encuentro, deseo que te conviertas en mi amada, KAAMLA. No he elegido tu nombre arbitrariamente, significa, perfecta y tu lo eres. Colocaré el cerebro de esa misma chica y así acabaré por fin, no me gusta utilizar más de una parte de cada cuerpo, pero en este caso haré una excepción. El enorme deseo de concluir mi obra me consume. No esperare más…
Al agente le costaba leer las anotaciones con una mínima calma,  le superaba la imagen que proyectaba su mente,  cada frase macabra le torturaba y le obligaba a mirar a ambos lados de aquel escenario de tinieblas donde imaginaba tanto horror. Intentó continuar leyendo. La caligrafía había cambiado sensiblemente, haciéndose aun más ilegible. Esta vez las palabras se habían tornado en una súplica siniestra, pero lo que más le llamó la atención fue la fecha. 23 de enero de 1811. Correspondía a ese mismo día, el que murió Evan,  sin duda eran sus últimas palabras.
-No puedo esperar más, daría mi vida si pudiera por verte, mi sangre si fuera preciso. Vendería mi alma al diablo cual hiciera Fausto ante el pacto del mismísimo Mefistófeles. Sí, mi sangre te daría si pudiera…
 Ahí acababa todo. Ningún otro dato más que aclarara el misterio… Ni siquiera cual era el destino de las partes de esa extraña criatura que Evan mencionaba.
Silencio, sólo silencio…Y una turbadora presencia que lo envolvía todo…

©Samarcanda Cuentos-Ángeles.
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