martes, 19 de noviembre de 2013

Tiempo de Silencio


<Así es la vida, muy larga o extremadamente corta, con una mano te da y con otra te quita, por eso hay que buscar y aprovechar los buenos momentos que te ofrece, que a los otros no hace falta alentarlos…! Ya vienen solos!…
Jamás hay que permitir que quieran vivir la vida por ti - que decidan por ti- que con la excusa de ser tu compañero, se convierta en tu depredador, ese mismo que te asfixia y de deja sin fuerzas para luchar.
Ser capaz finalmente de tomar una decisión valiente…De tomar las riendas de tu vida…>
-Samarcanda-
                                                      TIEMPO DE SILENCIO
    Capítulo I : Luchar contra lo inevitable


La tarde era un infierno de sudor y modorra donde no quedaba aire para respirar. Las horas parecían transcurrir perezosas, sin prisa alguna, pringados de aquel letargo insultante que te atrapaba, como cada día, como cada año...Como cada verano interminable.

Aitana cambió de postura con indiferencia.

-¡Que cansada estoy! Este calor me está matando -Susurró llevándose las manos a la cabeza, al tiempo que entornaba los ojos con desgana ¡Venga Aitana,  ya queda poco!

 Se esforzó sin éxito por sonreír, en un último intento de no dejarse vencer por la apatía que la dominaba. Su única pretensión en esos momentos era ocupar su pensamiento en algo agradable, aunque sólo fuera por aliviar su ánimo que andaba bastante maltrecho desde...Bien, no le alcanzaba la memoria, pero demasiado, de eso no había duda.  Consciente de que aunque la temperatura era sofocante, no era la principal culpable de que se sintiera derruida. El paso inexorable de los días, tan vanos como su propia vida era lo que le provocaba esa sensación de asfixia total.

Aitana había permanecido tumbada en la cama gran parte de la tarde, con la mirada perdida en un punto lejano, se hallaba extraviada en su mundo sin regreso, dejando vagar por libre a su fantasía, que paseaba a tientas a través de imágenes que solo eran reales en su universo particular. Esos sueños era los único que la salvaban -y no siempre- de tanta mediocridad. Había aprendido a sumergirse en ellos hacía tiempo, cuando se rindió a la evidencia de que todo lo que la rodeaba no era más que una burda comedia. Ese mundo suyo que había ido construyendo mentira sobre mentira de un modo inconsciente. Donde el tiempo transcurría sin contar con su aprobación, revolcándose en su propia derrota. Haciéndola sentir cada día más vacía, más imperturbable ante el dolor, limitándose a vegetar junto a aquel cuerpo inerte que no desprendía nada...Ni frió, ni calor.

Al principio intentó sentir amor por el hombre que compartía su vida, deseó amarlo a pesar de la innegable indiferencia que él la prodigaba. Pero el amor no es algo premeditado ni maleable, que puedas trasformar a tu antojo. No obedece órdenes. Lo sientes o no, así de simple, así de maravilloso y lo suficientemente especial como para tener voluntad propia.
Poco a poco -casi sin percibir el cambio- Aitana descubrió que iba muriéndose algo muy adentro. El amor no sólo no vino a su encuentro sino que se esfumó para siempre... (SIGUE)
                                                   © Samarcanda - Ángeles.
Fragmento del libro no publicado:
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"A través del Caleidoscopio"