viernes, 4 de septiembre de 2015

Melodía de un Adiós

"En cuantas ocasiones el deseo puede más que la realidad. Tu mente inventa sueños, escenarios que no existen y de repente, la realidad te golpea con fuerza."
Samarcanda


MELODÍA DE UN ADIÓS

Cuando él llegó a mi vida, su presencia me obnubilo por completo confundiendo sentimientos, demasiadas sensaciones agolpadas en un imperceptible instante. Su mirada fue suficiente para hacer tambalear el que hasta entonces era mi universo. Desplegó su encanto y esas palabras nunca escuchadas antes, fueron mi ruina.
Yo quise creerle, desee que su voz me trasportara como alas mágicas y a pesar de lo efímero de las promesas, me aferré a cada una de las suyas con estúpido empeño. Se había convertido ya en esa suave brisa, que con embaucadora  musicalidad me acariciaba. Así lo sentía, así lo viví. Por ello no quise negarme a esa ola embravecida que se empeñaba en recorrer mis venas, era mi sueño y no iba ser yo quien escapara de él. Su amable semblante, su ternura, era todo cuanto necesitaba para confiar -y confié-.
No había vuelta atrás…
De repente la noche se hizo. Desgajada como una escuálida margarita a la que no le quedan hojas, ni fuerza, me dijo Adiós, rubricando así mi destino. Mis manos quisieron entonces aferrarse con locura a una fútil esperanza, pero los retazos de sueños ya estaban marchitos. El que fuera mi trébol de cuatro hojas, aquel que la diosa fortuna me portara, ese mismo, me deshojaba para siempre.

-Debí intuirlo, imaginar que erigirías tu traición en este tornasolado escenario que inventaste para mí.

Cerré la puerta de la que fue nuestra alcoba, arrojando su llave al océano de mis lágrimas. Ya no había nada que esperar, nada que desear.
De repente, la nada lo inundó todo…

©Samarcanda Cuentos-Ángeles.
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