martes, 14 de enero de 2014

El Poder de la Mente

"Cuando la vida te quita lo que tu creías insustituible, puede ofrecerte a cambio otras cualidades. Otros amores y sentires que te abrirán de nuevo la puerta a la vida"
                                         EL PODER DE LA MENTE (Cuento Corto)

Eran amigos desde niños, una amistad que siempre estuvo por encima de cualquier otra circunstancia. Secretamente le amaba…
Rita se despertó con la imagen de su último sueño.  Berto era la primera cara que veía cada mañana, de igual modo, las últimas palabras que susurraban en sus oídos antes de adormecerse también le pertenecían. Sonrió al recordar su protocolo habitual antes de despedirse.
 -Sueña mucho, linda. ¿Lo harás?
Ella invariablemente siempre lo hacía. Soñar era penetrar en otra dimensión, le encantaba entregarse, ser libre en ese otro mundo, allí donde cabía la ilusión y su realidad paralela. Vencida estaba ya cuando Berto volvió al pueblo y a su vida para entregarle su desmedida generosidad.  Rita se convertía así en su avezada alumna. Con disciplina marcial se sometió a sus métodos, aprendiendo a vivir por encima  de su postrado letargo, olvidando de paso, aquella fatídica noche y su accidente. Consiguió con férrea tenacidad la facultad de trasportarse más allá de su quietud obligada.  Un mar de contradicciones que apenas entendía, pero valoraba como un milagro maravilloso. El  poder está en la mente–insistía Berto. Con él aprendió el dominio de sus limitaciones, más allá de su cuerpo y  de su voluntad. Sin embargo le quedaba un largo trecho por alcanzar una ansiada paz interior, dominio que todavía le era enemigo.
Para ello Rita utilizaba la relajación. Un particular ritual en el que Berto la había iniciado también. Con la oscuridad se sumergía en los sueños, pero también en la creatividad. Aprovechaba esas noches de insomnio y de fantasmas interiores para volver a ser ella, cobijada en la más segura de sus guaridas: la fantasía. Con su voz se ponía en marcha la grabadora y con ella sus palabras volvían a tener sentido convirtiendo sus sueños en historias.
 Berto antes que su terapeuta, era su amigo, su preciado enganche a la vida, ella no lo mencionaba, no quería que se sintiera presionado por la responsabilidad, solo intentaban ambos disfrutar de su mutua compañía. Para Rita él era también su amor platónico… Si, le amaba secretamente, pero nunca se lo diría…Simplemente, no debía.

                                                        ©  Samarcanda -Ángeles
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martes, 7 de enero de 2014

UN DÍA “CASI” PERFECTO

"Cuando lo que esperabas del Amor, no es mentira, engaño, ni traición. ¡Menuda Decepción!"
(Juli Wallace)

                                                           UN DÍA “CASI” PERFECTO (Cuento Corto)
Me miró, le miré y un estremecimiento recorrió mi cuerpo. En la estación de metro esperando mi matinal transporte, todo era rutina…Menos él. El enigmático desconocido se paró a mi lado, charlamos apenas unos minutos, un par de frases pueriles y absurdas nos acercaron un poco más. La línea de lo correcto para esos casos empezaba a quedar lejos. Piropos, miradas, el leve roce de sus tibios dedos en mi cara y una mínima caricia en la cintura ¡Casi no me atrevía a respirar!…Su parada llegó sin estar preparada. Justo antes de separarnos, él dejó caer distraídamente un papel en mi mano.

-! Llámame! -Me dijo mientras se alejaba con paso ligero.

Un teléfono y un nombre era el escueto contenido de la tarjeta. ¡Carlos! -susurré-. El papelito casi quemaba en mi mano, así que decidí llamarle cuanto antes. Quedamos esa misma noche, mi impaciencia no tenía límites, mi incredulidad tampoco. Quise imaginar mil veces nuestro encuentro, en cada una de las versiones aumentaba mi deseo y mis expectativas. El tiempo jugaba conmigo, deseaba con ansia que llegara el momento de volver a vernos.
Fueron dos hombres los que aparecieron delante de mis ojos al abrir la puerta, uno en efecto era Carlos ¿Y el otro? Mi cara minutos antes sobrepasada por la emoción, era ahora todo un poema. El desconcierto me había dejado cara de boba y me costaba reaccionar ante las nauseas que amenazaban el momento.

-Hola Vero, me he tomado la libertad de traerme a Marcos, es mi mejor amigo y ya que hemos quedado con Mery en el restaurante...! Espero que no te importe!

Me había soltado la perorata de corrido, sin esperar ni una palabra por mi parte. Se le notaba incomodo ¿A qué venía entonces todo ese alarde de seducción barata que había desplegado horas antes? ¿Era acaso de esos mequetrefes que sólo tienen apariencia y necesitan de un amigo para suplir su falta de personalidad? En ese momento, la verdad es que no me interesaba lo más mínimo descubrirlo. Una excusa apresurada fue lo único que se me ocurrió. Deseaba desaparecer, que nadie notará como la rabia con febril insistencia empezaba a apoderarse de mí.

-Claro, claro, lo pasaremos muy bien. ¿Me esperáis aquí un segundito? Voy a buscar las llaves -acerté a decir atropelladamente.

¿Y para eso tanto rollo?¡Será cafre el tío! ¡El mundo está lleno de cretinos! -decidí- Es una pena descubrir que nuestra idea de cita distaba tanto. ¡Bua! Todas mis ilusiones se acaban de ir al garete.
Recordé con una mueca burlona cual fue en realidad mi primer pensamiento al ver aparecer los dos hombres en mi puerta. En milésimas de segundos se paseo por mi mente una osada escena, sin duda subidita de tono, en la que había tres protagonistas. Visto, lo visto -pensé- ¡Al menos hubiera sido más emocionante!

Volví con aire desenfadado, luciendo una hipócrita sonrisa, al tiempo que lanzaba las llaves al aire con gesto teatral.
-¡Las tengo chicos!… ¡La noche nos espera!

                                                                                                   
©  Samarcanda - Ángeles 
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