martes, 17 de junio de 2014

El Legado

"La vida es como un libro repleto de fantásticas aventuras. Que el temor y la indecisión no te detengan nunca para correr tras ellas. Sólo si te lanzas al vacío conocerás el resultado final."
Samarcanda.
 EL LEGADO (Microcuento)
  
Jimena echó un vistazo por la ventanilla. A través de la gruesa bola de algodón que formaban las nubes, sólo se distinguía un cielo azul inmenso. No pudo evitar sentir algo de vértigo. Era la primera vez que subía a una de esas moles de acero, un Jumbo que se le antojó gigantesco. Su cuerpo se hallaba en tensión y sus ojos intentaban capturar toda la magia del momento. No deseaba olvidar ninguna de las emociones que ahora le invadían y abordaba su destino con evidente expectación -sonrió-.
Superlativo fue el adjetivo que le vino a la mente. No supo porque, simplemente todo en ella se desbordaba, debía ser por eso. -Volvió a sonreír-  sus inquietudes, sus ilusiones y las terribles ganas de saber que pasaría a partir de ese momento le inquietaban. La tía abuela Rosarito le había dejado su herencia.
-¡Todo cuanto tenía! -le habían dicho. Y eso era lo único que sabía del tema.
Jimena acababa de cumplir 18 años y su deseo primigenio en cuanto supo de su viaje, fue hacerlo sola. Ser adulta e independiente por primera vez.  La llegada al aeropuerto Internacional Ministro Pistarini de Buenos Aires fue todo un acontecimiento y el inicio de su odisea. Una mano alzada y un gran cartel le dio la bienvenida. Le hizo ilusión leer su  nombre -señorita Jimena Valle- y aunque todavía no sabía si aquel semblante circunspecto le depararía algo bueno, la escena le provocó una risita contenida.
Nunca antes supo con certeza si el capital de su tía merecía ese viaje a la incertidumbre, pero sin duda era la excusa perfecta para decidir muchas cosas en su vida. Un país desconocido, un destino incierto  y una posible nueva vida. Y lo único claro en aquel momento, era vivir hasta las últimas consecuencias su irrepetible experiencia. Sabedora que el resultado final de la aventura, no dejaba de ser simplemente… parte del juego.
 © Samarcanda -Ángeles.           
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