martes, 7 de mayo de 2013

Nada

<A menudo el amor se extingue por mucho que tu intentes impedirlo. Te abren las manos a la fuerza y te roban lo que más querías. -Sin ni siquiera una explicación-. 
Es, en ese momento, cuando descubres que te has quedado sin alma -y también sin armas- pero inexplicablemente, no eres capaz de odiar. Te sientes inquieto y extraviado, debatiéndote entre el amor que  posiblemente sientes todavía y una terrible rabia por tu incomprensible perdida.
Lo que no se, es si a toda esta mezcla de contradicciones  se le puede llamar odio…O puede que tan sólo sea impotencia…>
                                                              La noche se había apoderado de la casa y todo permanecía en el mismo silencio sepulcral de las últimas horas, días, semanas…Bueno, ya no lo recordaba.
Adriana no lograba discernir si de verdad era noche cerrada o era su mundo el que de repente se había hecho oscuro por completo. Miró a su alrededor,  una brisa helada le recorrió el ánimo; no había nada, tampoco nadie. El cielo, la vida, los sueños... habían perdido todo su valor, su total significado y no sentía deseos -ni fuerzas- para esperar la siguiente estocada.
En otras ocasiones le había sobrecogido eso mismo, percibirse como si flotara fuera de su cuerpo. Como si mirara su propio declive desde lo alto, desde la primera fila del mejor palco, aunque careciendo de poder alguno para cambiar una sola frase de una historia ya escrita. De la que para más INRI, sabía de memoria su principio y su fin.

Pensó en ponerle titulo ¿Cómo debería llamarla? ¿Diario de un fracaso anunciado? La impotencia siempre llama dos veces? ¿100 años de soledad? No ¡Ese ya estaba pillado!

-Jolin! Que sarta de tonterías se pueden hilvanar en dos minutos de pensamientos aciagos -se dijo en un alarde de filosofía barata.-¡Basta ya de sandeces! Tanta lamentación inútil no sirve para nada y eso es de una lógica aplastante.-Concluyó.

Sin embargo las quejas y los reproches parecían ser el juego predilecto de Adriana cuando las cosas empezaban a ir mal; y además... ¿Quién pretendía ser lógica en ese momento?
Como un  flash, rebobinó en su mente las últimas palabras que habían cruzado por su mente.¿Empezar- a -ir -mal?... ¡Por Dios! 
Era un estúpido eufemismo; y lo sabía. La  cruda realidad es que su vida en estos momentos estaba inmersa en una total debacle... (SIGUE)
2004
 © Samarcanda -Ángeles.
Fragmento 
del libro de relatos cortos:
Safe Creative #1208080659685

"A traves del Caleidoscopio"