lunes, 10 de junio de 2013

AMOR CIBERNETICO

Un poquito de humor -negro diría yo- aunque al fin y al cabo, humor. Guarda un pequeño mensaje de lo bueno, y menos bueno, de esta nueva tecnología que nos tiene atrapados.




                                                      AMOR CIBERNÉTICO

 Le llamó la atención el enunciado y por eso decidió perder cinco minutos más para leer el resto. Lucas, sólo acostumbraba a regalar una rápida mirada al diario de la mañana, estaba convencido que su tiempo era demasiado valioso como para ser más generoso con un pedazo de papel -quería pensar eso- pero la verdad es que a menudo acababa invirtiendo los veinte minutos del desayuno en curiosear las páginas del diario o rellenando los crucigramas, siempre a salvo de miradas indiscretas.

La noticia decía:
Un vecino se ha subido a lo alto del campanario de la iglesia y ha permanecido allí atrincherado. Aunque sus convecinos se habían personado en masa para que desistiera en su empeño, este había tardado más de seis horas en deponer sus armas: un rastrillo, una azada y varias palas, que amenazaba con lanzar desde ese lugar privilegiado que había conseguido alcanzar…


-¡Hasta donde podía llegar la desesperación de un hombre!- pensó Lucas-. Empezó a elucubrar cual sería el motivo de tan desesperada decisión. Quizá se había quedado sin trabajo y se encontraba en un momento de desesperación, puede que hubiera perdido la última cosecha debido a los últimos vientos habidos en la zona y con ella su cabeza -o peor aun- que ya no podía seguir pagando la hipoteca de su casa.


-Ufff!!...De esos hay muchos casos últimamente -sentenció.


Ansioso por enterarse del final de la historia y descifrar cual había sido el itinerario seguido por la victima hacia el desastre, dirigió sus ávidos ojos a las últimas frases de la noticia. Sebastián -que así se llamaba el hombre- exigía al alcalde del pueblo que le dejará engancharse a la línea de teléfono del ayuntamiento, ya que para él, se había convertido en una necesidad de supervivencia el “Internete ”- como él lo llamaba- y sólo era posible la conexión en todo el pueblo desde ese punto neurálgico.
Según se explicó después, había quedado con una bella muchacha para hablar a una hora concreta y veía con decepción que no podría cumplir su promesa , la susodicha internauta previamente ya había desplumado a Sebastián a través del teléfono y el sesentón aldeano a pesar de ello, se negaba a prescindir de su inestimable compañía. El loco de las redes, como así lo apodaron sus vecinos, sólo aceptó bajar de su elevado aposento, cuando le prometieron que se accedería a sus pretensiones; este, orgulloso de su éxito, no paraba de saltar de alegría, dando botes y más botes en el mínimo espacio que compartía con el resto de artilugios que le habían acompañado en semejante aventura. Tras encaramarse en lo más alto, dispuesto ya a descolgar la bandera que izara a su llegada, un trágico descuido le hizo dar un traspiés, para seguidamente caer al vacío. A pesar del fatal desenlace, Sebastián siguió con su imparable clamor de vencedor 
hasta dar con los huesos en el empedrado. En el triste camino hacia la muerte, sólo se oía un irónico  !!Lo he conseguido!
                                             © Samarcanda Cuentos - Ángeles.
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