martes, 26 de mayo de 2015

De Vuelta a la Vida

Es posible volver a la vida, volver a sentir que estás viva nuevamente, cuando pensabas que el camino se había detenido y habías caído en el vacío más inmenso. Siempre es posible si eres capaz de dejar una puerta abierta y la esperanza no se ha extinguido del todo.
Samarcanda.

DE VUELTA A LA VIDA

Perdida estoy, el mundo desaparece,
sin fuerzas, ni ternura, la vida se me escapa,
este, mi ser vacío se rinde a la evidencia
y un nudo en la garganta me ciñe impasible.

Cuarenta años disipados en un lago reseco,
lágrimas fundidas en un inútil fuego,
sol deslucido y oxidado que no quema.
No me queda nada, se acaba el juego.

De repente en mí cielo irrumpe,
con paso seguro él avanza decidido,
plantándose con empaque aquí delante,
con amplia sonrisa y buen talante.

Su alegría se acentúa y me contagia,
 un sendero de luz abre camino,
sus manos extiende generosas,
yo respondo indecisa y contrariada.
De repente todo cambia en un instante.

Este  mundo exiguo e indolente,
me devuelve a la vida renovada,
como un soplo de aire insolente,
toca ahora mi cara iluminada.

Y vuelvo a vivir…
Tornan mis sueños.

©Samarcanda Cuentos-Ángeles.
Safe Creative #1208080659685

sábado, 16 de mayo de 2015

El Caballero Negro

Un poco de suspense nunca viene mal y a  mi me encanta. Hay veces que las cosas no son como parecen y aunque creas que las incógnitas se quedan sin resolver, puede que las respuestas estén más cerca de lo que pensabas
Samarcanda

EL CABALLERO NEGRO
Rosseta cuchillo en mano, se dejo guiar por el inconfundible aroma de café recién hecho. Tras percibir que una figura se recortaba en la penumbra, corrió hacia el interruptor de la cocina. El brillante sol de mediodía dejaba en tinieblas el perfil de su inesperado visitante y la contraluz de la persiana le impedía apreciar claramente su rostro.  La estancia se iluminó entonces y todo el escenario cambió de repente, dejando  a un lado esa imagen lúgubre y siniestra del principio. Los ojos del desconocido  dejaron de ser negros y las facciones se hicieron más suaves -hasta amigables- lo que a ella le permitió relajarse un poco, pero sólo un instante, ya que seguía sin inspirarle ni una pizca de confianza.

 -¿Que hace aquí y como ha entrado? –Le increpó la muchacha intentando infundirse valor.

-La puerta estaba abierta. -le sonrió el hombre.

-¡Está mintiendo! Yo misma la cerré.

-! Así que Rosetta!!- exclamó el recién llegado con una sonrisa.
-¿Cómo sabe mi nombre?
Él  tipo soltó una risotada ante la extraña cara de su interlocutora -a medio camino entre la sorpresa y el terror.
-Puedo decirte incluso -añadió- porque te llamas Rosetta, ese nombre te lo puso la abuela Rita en recuerdo de la piedra del mismo nombre, una historia milenaria que te solía contar de pequeña.

Esta vez, la joven intentó indagar entre sus recuerdos pasados, por si aquel caballero salido de la nada, podía ser parte de ellos. Pero no consiguió encontrarle un hueco. Sin embargo, sus rasgos no le eran del todo desconocidos. Le resultaba igualmente inquietante como había llegado a manos de un extraño la maravillosa receta del café con especias de la abuela, herencia familiar que sólo atesoraban su madre y ella misma. El olor afrutado y delicado, no le dejó lugar a dudas, tanto, como para hacerla despertar de su apacible siesta y atraerla hasta allí. El intruso por su parte se había acomodado insolente en el único silloncito de la cocina y se deleitaba con un largo sorbo de café.


-Sírvete tu misma –le dijo indicándole la cafetera.


Inmersa en sus cavilaciones no advirtió que su afilada arma había bajado, dejando de apuntar al furtivo. Un ruido a su espalda le obligó a volverse, sacándola definitivamente de sus díscolos pensamientos.
Sus ojos se quedaron entonces engarzados en un marco antiguo en lo alto de la alacena, del cual  pendía una orla negra. La fotografía siempre había estado allí, pero a golpe de costumbre Rosseta ni siquiera la recordaba. Un sudor helado empezó a correr traidor por sus sienes. Con lentitud se volvió de nuevo hacia el silloncito -tal como esperaba- la única compañía en esos momentos eran los rayos de sol que entraban por la ventana y la sombra de su viejo gato Nelo dormitando en el alfeizar. Dudo un momento. No, no lo había soñado, la imagen del retrato parecía sonreírle burlona, mientras el aroma a especias seguía en el aire.

©Samarcanda Cuentos-Ángeles.
Safe Creative #1208080659685

martes, 5 de mayo de 2015

Deseada Soledad

"Existen estados necesarios en la vida, que pueden devolvernos la capacidad de colocar en orden las ideas. De volver a empezar.  La Soledad que uno mismo elige, es uno de ellos. Sin embargo cuando esa Soledad es impuesta, la cosa puede cambiar sustancialmente."
Samarcanda.

DESEADA SOLEDAD

Soledad buscada, 
compañia deseada
ambiguo estado.
Contradicción absoluta
cuando soledad no rima,
con estar sola.

Dichosa porque es voluntaria,
te zambulle en argumentos,
te obliga a especular, a meditar.
equilbrando inquietudes,
de un modo imparcial,
sin embrutecer, ni condicionarte.

Contradicción del momento
cuando frente a frente, sois,
tu y ella. Ella y tú.

Los sentimientos te invaden,
imprecisos, insondables,
capaces de hacerte reaccionar
cuanto te creías perdida.

Soledad que te acompaña
ansiada para escribir,
para dar rienda suelta al sentir,
al palpitar de un corazón,
dejando fuera el resto...
Sin aditivos.


Soledad impuesta o deseada,
contradicción continua.

©Samarcanda Cuentos-Ángeles.
Safe Creative #1208080659685

  

domingo, 3 de mayo de 2015

Cuento de Esperanza

"La confianza es una senda esquiva y muchas veces zigzagueante, pero si eres capaz de serle fiel y continuar en el camino sin desistir, puede que llegues a ese destino de nombre Esperanza."
Samarcanda.


CUENTO DE ESPERANZA
Era una nueva huida de sí mismo, una de tantas que siempre le permitía por un tiempo sentirse libre. -lo más libre que podía en sus circunstancias- Aun así la reconocía como una fuga a ninguna parte, un camino sin destino. No recuerda nada de sus padres y desea olvidar cuantos han intentado serlo durante sus doce años de existencia.
Y de nuevo está allí…en el parque al que siempre le arrastran los pies cuando se siente espoleado en las casas de acogida. No, nunca hubo maltrato, pero cuando percibe ese infinito vacío, ese frágil espacio que intenta atraparle…no puede reprimirse. Se adueña de él la rabia y el deseo de no ceder a un mundo que nunca le abriga. Que jamás le consuela. Entonces vuelve a su banco preferido y mira distraído al suelo en un vano intento por traspasarlo. Por cruzar al otro lado de su nada…
- Sé que te gusta venir aquí, al banco Esperanza. Bueno, es mi banco, por eso lleva mi nombre. -Una dulce voz susurra a su espalda.
Toby levanta la cabeza y pasa las yemas de sus dedos por tan especial palabra “ESPERANZA”, el nombre grabado en la madera fue lo que le atrajo la primera vez y allí regresa siempre como si un imán le poseyera.
-¿Me buscabas? -Pregunta la mujer al fin.
El chico sonríe y comienzan a hablar como si se conocieran de antes. Sus respectivas historias son una sola. Él le cuenta como siempre buscó una señal inconfundible que le hiciera sentirse en casa. Y ella, “La bella” como la acaba de bautizar el muchacho,  recuerda el enorme sufrir que la escolta desde la perdida de su hijo. Los dos se toman de la mano y sienten esa corriente invisible que les une. Sonríen. Toby piensa que por primera vez alguien le necesita tanto como él. Necesidad mezclada de cariño y comprensión que reconocen al instante. Tras esa enorme conmoción el presente de ambos se vuelve sereno, el futuro se abre, al tiempo que un fugaz viento parece arrastrar el polvo de tanta desdicha vivida.


©Samarcanda Cuentos-Ángeles.

Safe Creative #1208080659685