viernes, 31 de octubre de 2014

EN PENUMBRA

Ha perdido la noción del tiempo y el espacio. ¿Dónde está?¿Que ha pasado?
                                                   EN  PENUMBRA(Microcuento)

Abre los ojos, solo oscuridad alrededor. De repente la luz se hace. Sin recuerdos del tiempo pasado desde el último pensamiento que aterrizara en su mente. Postrado de espaldas y como única visión el techo de esa estancia.  Le tranquiliza comprobar que el silencio es su único compañero. Intenta moverse, pero no puede. Le alerta el sonido metálico de un objeto cayendo al suelo y una imagen aterradora le asalta al volverse. 

En una mano la sangre aun fresca, en la otra parte de un miembro mutilado, más allá, lo que queda de Oliver y su propio cuerpo hecho pedazos.
                                                         © Samarcanda Cuentos - Ángeles.

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UNA MUÑECA PARA SELENE

Microcuento para la noche de Hallooween, solo 100 palabras, que  pueden ser suficientes para hacer que un algo te recorra la espalda...
UNA MUÑECA PARA SELENE
La familia baja al desván de su nueva casa. Un habitáculo infecto repleto de trastos olvidados por los antiguos propietarios. Selene, una niña de piel blanca y ojos azabache alucina enseguida con todo lo que allí encuentra.
-Puedes quedarte solo un juguete- indica mama.
Ella se afianza con decisión a una vieja muñeca, que como ella, tiene tez pálida y trenzas oscuras. Su visión produce un inquietante escalofrío y su madre intenta disuadirla sin éxito. Ya en su habitación, la muñeca abre los ojos, observa a la niña impasible y le sonríe malévola.

–Debes cumplir tu parte ahora- le ordena…

                                                         © Samarcanda Cuentos - Ángeles.

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martes, 28 de octubre de 2014

El Miedo

"El miedo está presente a lo largo de toda nuestra vida, unas veces como somera presencia que nos alerta y nos aporta reflexión y cordura. Pero hay ocasiones en que ese miedo se convierte en desmesurado. Pánico incontrolado que toma el mando y nos convierte casi en peleles a su servicio. Ese es el que debemos temer. Al miedo con mayúsculas..."
Samrcanda.
Mención de Honor en el 1º Certamen Poético de "Mar de Poesía"


EL MIEDO.(Poema)


Enfáticos periodos, repletos de zozobras,
demonios furtivos, bajo encrespados repliegues,

ocultos en lo más profundo,

a la espera de no ser encontrados.


Ahí están, acechando, asiéndose a tu garganta,
apretando tu yugular con su pulgar asesino.
Abrirse las carnes y brotar tu orgullo…
¡Todo es uno!

Y al mismo tiempo, 
a través de las venas ajadas, 
observar serpenteante el rojo fuego de tu sangre,
queriéndose abrir camino a la fuerza…
¡Ya sin fuerzas!

Me ahogo en el intento de conseguir respirar, 
anhelando avanzar un poco más en el camino.
Solo soy un cuerpo quebrado, 
de alma finiquitada.

La mano que ahoga, no cede.
El aire no llega. 
Se ha cerrado mi espacio 
como una tumba maldita,
todo lo que era mío, no existe, 
me arrastro paralizada por las alcantarillas,
huele a podredumbre y muerte.
Finalmente expuesta…Derrotada.

Y sigo sin arrojo, 
atravesando sumideros obscuros,
por los que ya fluye a voluntad, el miedo.


                                                             © Samarcanda Cuentos - Ángeles.

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martes, 21 de octubre de 2014

ESTE DESVARÍO

"Como perpetua compañía, nuestras contradicciones eternas. Difícil ponernos de acuerdo 
con esas dudas, tan tercas." 
Samarcanda.

ESTE DESVARÍO...(Poema)

Dejar de cavilar. 
Sólo quiero descansar.
No pensar.
-pérdida de tiempo inútil-
pensar es desaparecer,
pues cada renglón 
que mi mente escribe,
con el siguiente se borra.

Mucho mejor olvidar.
Dejarme emborrachar de ilusiones,
envilecerme con prohibidos pensamientos,
mientras entretejo sueños placidos e irreales
que me salven de este girar vertiginoso y loco.

Mis manos no son mías,
mis piernas ya no responden,
mi memoria se esfuma a veces,
o se empecina en volar solitaria.

¿Es mía esta vida acaso?
Quizá prestada, tal vez impuesta.
Puede que restada
de mis horas de “no sueño”.

¿Quién sabe quien tiene el mando?
¿Quién me derriba, quien me empuja,
quien decide?
¿Quién me abofetea el alma?

Estoy muda, ciega y sorda.
Mi vida ya no es mi vida y
mi mundo nunca lo fue.
¿A qué seguir? 
¿Qué sentido tiene?

Alguno habrá…

Junio 2003 
                                                         © Samarcanda Cuentos - Ángeles.
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jueves, 16 de octubre de 2014

Cielos Estrellados

Esos cielos estrellados que a veces no son tan bellos. No están  repletos de luz si no de miedos e incertidumbres. La esperanza viene impuesta por un mañana que siempre acude, que llueve y moja, día tras día.
Samarcanda

CIELOS ESTRELLADOS (Poema).


Volar y volver mil veces
sobre cielos estrellados…
¡Contra un muro!

Lloro lagrimas de acero,
intentan ser fuertes, sin serlo,
derretidas en sentimientos
de congoja y desconsuelo.

No es un astro reluciente,
pequeño haz macilento,
negra luz que ya no miente,
esperando su alimento.

La tronada que lo anuncia,
a lo lejos ya se escucha.
Llantos tristes de sollozos,
vencen sin apenas lucha.

Cielos que quedaron mudos
de palabras y de gestos,
moja tu cuerpo desnudo,
solitario y descompuesto.

Llueve sobre mojado,
vuelve a llover sobre tu lluvia,
no te quedan aliados
y en tu corazón diluvia.

No temas más la tormenta
siempre que llovió, escampó.
La esperanza nos empenta
cuando lo peor pasó.

                                                            © Samarcanda Cuentos - Ángeles.

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lunes, 13 de octubre de 2014

FLORES, BOLLOS E ILUSIONES

       Se puede mezclar la ironía con la ternura, los deseos, con los sueños, la sencillez con el cariño...Para convertir todo ello, en una pequeña historia cotidiana.     
Imagen: Bignonias. ©Siscu Tules    

 FLORES, BOLLOS E ILUSIONES
Mis ojos se perdieron entre esplendidas bignonias que se desmayaban por la enorme cristalera que daba al jardín. Abstraída con el admirable paisaje, había abandonado solo por unos segundos el enorme briox de crema, que ya iniciaba camino hacia mis labios entreabiertos. No porque no sintiera una inclinación creciente por el de nata, si no porque no estaba dispuesta a hacer esperar más a mis golosos deseos. La boca se me hacía agua ante la suculenta bandeja repleta de exquisiteces, que insolentes, me provocaban.

Me acomodé en un enorme sillón de mimbre que chirriaba un poco, donde el blanco que se adivinaba a través del cimbreante material hacía tiempo que había perdido su esplendor, lo cual no desmerecía en absoluto su belleza, además, aquellos almohadones eran comodísimos, ideales para un merecido descanso ¡Estaba rendida! Las diez horas trabajadas el día anterior daban clara muestra de ello. Deseé por un momento no tener que ir a fregar a casa de doña Edelmira. El único pensamiento que planeaba ahora por mi cabeza era disfrutar al máximo de este momento…Un momento inusual, sería imperdonable dejarlo pasar.
Una enorme taza de chocolate humeante me invitaba a devorarla sin compasión, por mucho que mi mente se obstinaba en seguir volando entre un sinfín de detalles. La mantelería de hilo fino o la vajilla de porcelana china volvieron a distraerme. Sin querer, pensé en la abuela Clotilde y sus tazas de barro cocido que yo había heredado y un suspiro de melancolía me asaltó.
Entre divagaciones, unos golpecitos en el hombro me reclamaron ¡Qué fastidio! -pensé.
No tenía predisposición alguna en compartir semejante festín. Sin embargo, me volví al escuchar una voz conocida a mi espalda.
-¡Pobre mami! Llegas tarde cariño...Has vuelto a quedarte dormida.
Observé mi alrededor contrariada, los platos se amontonaban sin fregar. Sobre la mesa de la cocina, un par de galletas rancias y un “aguachirri” helado con gusto a café me esperaban con el idéntico desencanto de una ilusión perdida.
 Una tímida sonrisa se alió con mi resignación para añadir finalmente:
-Bueno, quizá algún día…
               
                           
                                                   © Samarcanda Cuentos - Ángeles.
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miércoles, 8 de octubre de 2014

LA ERMITA DE LOS MÁRTIRES

Inspiradora imagen de Javier Romera, para acompañar a un relato de intriga.

LA ERMITA DE LOS MÁRTIRES 
Aquellas historias me ponían los pelos de punta. Cuando Martín me las contaba en un susurro, mi cuerpo temblaba como una hoja, pero siempre mi morbosa curiosidad podía más. Aquel día le pellizqué el brazo al tiempo que le exhortaba a continuar.
-Me estoy poniendo de los nervios, pero sigue. Ahora no puedes parar.
Martín prosiguió entonces, preparando el escenario para crear el ambiente adecuado y yo me preguntaba cuanto había de verdad en sus palabras. Él aseguraba que todo era cierto.
-Sabes Cloe -me había dicho- en el pueblo no tienen ni idea que son esas luces que a veces se ven en lo alto del rosetón de la ermita.

-¿Y tu si lo sabes? -pregunté yo intrigada.

-¡Claro! A mí me lo contó don Rosendo.

-Anda, anda, si todo el mundo sabe que Don Rosendo murió hace muchos años. Tú, ni siquiera habías nacido.

-¿Y quién te ha dicho que me lo haya contado en vida?

Martín me miraba entornando los ojos, observando deliberadamente cada una de mis reacciones. Su madre era vidente y siempre decía que él también tenía el “Don”.

-¡Que! ¿No te lo crees?

-Yo ya no se qué creer –le dije al fin con voz entrecortada.

Tras mis palabras Martín comenzó su historia.
El cura del pueblo, don Rosendo, en la época de la guerra civil ocultaba a los pobres diablos que huían por motivos políticos. Aquella azarosa tarde había llegado un muchacho a la ermita donde él rezaba a diario, para pedirle hospicio. Le venían siguiendo y al llegar ya se encontraba al límite de sus fuerzas. Nadie conocía aquella húmeda mazmorra cavada en la piedra que el viejo clérigo utilizaba como cobijo.

-Entra aquí -le apresuró.

El muchacho corrió hacia ella, con la única compañía de un quinqué de aceite. Cuando llegaron sus perseguidores torturaron al sacerdote con el firme propósito de hacerle hablar, sin embargo no consiguieron sacarle ni una sola palabra. Dándole muerte después. Por años, la historia corrió envuelta en el misterio sin llegar a saberse, el cómo y el porqué del triste desenlace. Aunque muchos lo intuían -apostilló Martin al finalizar.

Hoy, delante mismo de la puerta de la ermita, la noche había caído y mi amigo y yo mirábamos embelesados como la vieja piedra parecía exudar lagrimas de sangre. Solo un puñado de nubes como bolas nacaradas otorgaba algo de fulgor al tétrico paisaje.
De repente vi las luces y en lo alto la cruz titilar. Sentí como se me helaba el corazón al escuchar, como en un lamento, una voz que pedía auxilio. Martín me tocó el brazo, mientras con voz queda añadía:

-Mira Cloe, las que ves son las luces del quinqué, y esa letanía, el llanto del muchacho. Tal como dijo don Rosendo, su alma sigue clamando al cielo.


                                                         © Samarcanda Cuentos - Ángeles.
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