viernes, 13 de septiembre de 2013

El Amor a La Vida

A menudo en mis textos me decanto por la gente que sufre o ha sufrido, no, no soy masoquista, pero cuesta desprenderse de los sentimientos cuando te invaden a diario.
A pesar de todo pienso que este texto es un canto a la vida, de ahí su titulo...
Samarcanda.

 EL AMOR A LA VIDA 


La tarde, a través del paisaje que le ofrecía su jardín, era un lugar querido para Agatha, esta permanecía  entre cojines, recostada en el sofá que presidía su acogedor porche, mientras, su gatita Lily ronroneaba acurrucada a su lado. Se le ocurrió pensar si aquello no era todo cuanto podía desear,  si en efecto a esa apacible sensación se le podía llamar Felicidad. Por fin había conseguido la paz absoluta que persiguió infructuosamente durante toda su vida; y es que a menudo los sueños se cumplen a golpe de perseverancia.
Respiró profundo, como si con ese gesto pudiera compensar las veces que no logró que el aire llegará a sus pulmones, esos momentos en que el miedo a vivir le ahogaba por dentro. Cuando ese empeño por derribar fantasmas invisibles conseguía agotarla por completo. Quizá en su interior siempre mantuvo una esperanza y confiaba íntimamente que este ansiado momento llegaría. Sólo tenía que esperar con paciencia a que todas sus estrellas se posicionaran en el lugar correcto.
-Ha sido un arduo esfuerzo -pensó- pero aquí estoy, con casi todas las guerras ganadas.

Agatha alargó su mano para acariciar con suavidad el viejo cuaderno que llevaba consigo, ya no necesitaba hacer acopio de fuerzas para leerlo, para enfrentarse a sus propias palabras como tantas otras veces. No, no les tenía miedo…! Ya no!
Recordó las veces que se había sentido caer, cuando el miedo con mayúsculas fue su aliado y compañero inseparable. No pretendía ir más allá, ni volver a recrearse en pensamientos que la turbaran, todo había quedado atrás y aunque no deseaba recordar…recordó como hubo un tiempo en que llenaba sus noches de inagotables lamentos, convirtiéndolas aun sin pretenderlo en un continuo baile de sonrisas y lágrimas. Fue cuando el alba se volvió reacia y las noches parecían no tener fin.
Siempre tuvo terror a esa soledad oscura que la incertidumbre hace enorme, encontrarse un día sin una mano que sujete la tuya, sin un abrazo que te arrope. Sentir de repente un frío helado en el cogote, como el roce de la escarcha en una mañana de invierno, con el mismo estremecimiento. Frío sobre frío…Y nada más.
-Los recuerdos, son recuerdos y no se deben temer, aun así, hay que aprender que se pueden guardar, atesorar, respetar, revivir -y a veces si es necesario- hasta olvidar por tu propio bien.-se dijo con convicción.

Un extraño cosquilleo le recorría cada vez que sentía de nuevo el tibio tacto del cuaderno entre sus manos. Cerró los ojos mientras lo acariciaba y su voz retumbó en la tarde callada: (SIGUE)

                                                          
                                                           © Samarcanda Cuentos -Ángeles Platas
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martes, 10 de septiembre de 2013

AMIGAS O ENEMIGAS

PECADOS CAPITALES (Tema: La Envidia)

“La envidia no deja de ser una declaración de inferioridad.” (Napoleón)


AMIGAS O ENEMIGAS

Hacía tiempo que eran amigas, habían crecido juntas compartiendo aficiones, viajes, proyectos…Todo. Inseparables durante años -los primeros de sus vidas- a menudo recordaban aventuras en las que habían participado codo con codo y sentían que siempre merecieron la pena. Sus familias alentaban esa amistad, sus propias madres habían sido igualmente inseparables en la infancia y el cariño había perdurado en el tiempo. A Sole y Mónica les encantaba decir que eran hermanas, sus cabellos dorados o sus ojos claros ayudaban a esas fantasías que disfrutaban y les convertían aun más en cómplices de su felicidad y sus cuitas infantiles. El tiempo fue testigo de cómo su afecto se hacía cada vez más fuerte, cualquiera de ellas hubiera jurado y perjurado que nada las podría separar, sin embargo hay ocasiones en las que otras fuerzas más allá de la amistad pueden conseguir inesperados desencuentros.
Siempre les unió el deporte. A los quince años empezaron a hacerlo de un modo más profesional aunque su suerte y aptitudes no fueron parejas entonces, una de ellas empezó a despuntar visiblemente. Sole fue un descubrimiento en atletismo, las competiciones de fondo no se le resistían en absoluto, por mucho que Mónica tenía una mejor capacidad en las distancias cortas. Entrenaban juntas y aunque en principio todo fue apoyo mutuo, pronto las buenas marcas de Sole, empezaron a minar esa amistad incorruptible que ambas habían mantenido durante años, convirtiéndolas en contrincantes acérrimas en las competiciones donde coincidían. Para Sole, siempre fue una sana rivalidad, en la que sólo estuvo presente ese mínimo orgullo por ganar que le servía como acicate para mejorar sus marcas. Sin embargo Mónica cada vez más se lo tomaba como un desafío, casi un agravio y la distancia entre ambas fue haciéndose más palpable.
Una muralla invisible las iba colocando por caminos dispares y aunque Sole siguió haciendo esfuerzos por limar esas asperezas aparentes, la actitud de Mónica, por el contrario, ofrecía una resistencia más que evidente. Ese sentimiento se fue acrecentando a medida que los laureles se acumulaban en las estanterías de Sole, sus hazañas y valores no le eran ajenos a Mónica y sin poder evitarlo la creciente envidia que iba sintiendo por su antigua amiga, no le permitía ya ni el saludo, mucho menos las palabras de elogio o animo, que hasta entonces siempre habían estado presentes
Hacía tiempo ya que no coincidían en una competición, pero esta era importante para ambas y un reto personal para Mónica, por lo que no dudo en participar aun a sabiendas que podía encontrarse con Sole en la pugna por la carrera. Así sucedió.,,,Fragmento (SIGUE)

                                                                 © Samarcanda - Ángeles.
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domingo, 1 de septiembre de 2013

MORIR EN VIDA

 PECADOS CAPITALES  (Tema: La Avaricia)

Es una gran locura la del vivir pobre, para morir rico. (Juvenal)

                                         MORIR EN VIDA
El Sr Edwards cambió su forma de vivir y de pensar casi de la noche a la mañana; la trasformación  fue drástica. Era de esos ricos excéntricos que había amasado fortuna y poder a través del mundo inmobiliario. Sus transacciones millonarias llenaron durante años periódicos de todo el orbe, llegando a ser una persona envidiada por cuantos le conocían.  No se le tenía por un ser mezquino, al menos no era un defecto que aireara visiblemente. No era generoso, eso es cierto, pero sabía pasar inadvertido en ese terreno para que nadie notara cuanto le molestaba gastar más de la cuenta a pesar de su opulencia.
Lo cierto es que desde niño ya tenía un perfil avaricioso,  recopilando juguetes y objetos varios, que almacenaba sin apenas tocar, sólo por el hecho de tenerlos, de atesorarlo, sin otro disfrute, ni meta. Llenaba los armarios de su habitación para de vez en cuando contarlos con afán desmedido esperando que todo siguieran en su lugar, ahora le pasaba lo mismo con joyas y trofeos que acumulaba con exagerada tacañería,  vivía sin ostentación debido a ese carácter suyo un tanto huraño pero nunca fue algo que se pudiera considerar patológico, hasta que en aquel abril del año 66, sucedió algo extraño.

Reunió a todo su personal en el amplio salón de su villa y les indicó que le faltaban unas monedas de oro heredadas de su padre y que tenían un valor incalculable. En realidad, sólo eran dos monedas de las 70 que componían la colección, las conocía muy bien, una a una  miles de veces las había manoseado para contarlas con  placer inusitado, trabajo que solía hacer una vez al mes desde hacía lustros.  Aquella soleada tarde en que la primavera fue testigo, su rostro se tornó de un amarillo ocre, al rojo intenso cuando se percató de la falta de esas dos estimadas piezas. El sudor le caía por las sienes y lo acontecido ya ni le permitía pensar con claridad. Por primera vez no se sentía seguro en su casa y con los suyos. La desconfianza empezó a adueñarse de su espíritu ambicioso con enfermiza obsesión,  sólo deseaba estar rodeado de sus conquistas materiales y más que nunca se convirtió en una necesidad imperiosa y primordial. (SIGUE)

                                                      © Samarcanda Cuentos - Ángeles
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